24 DE MARZO #YOMARCHO A 41 AÑOS DEL GOLPE DE ESTADO

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A 41 años del Golpe de Estado de 1976, marchamos por la memoria, la verdad y la justicia.
El Partido Socialista Auténtico orden nacional convoca a sus militantes y simpatizantes a las 14:30 horas en Sarandí 56.
 
Abajo pego tres notas que escribí en 2013 (I) en 2015 (II) y en 2016 (III) para los más jóvenes. Ahora agrego dos párrafos.
 
El actual gobierno de Macri está muy distante de la defensa de los Derechos Humanos. No es la Dictadura (error en el que caen algunos). Su origen es democrático, y además saben que “políticamente no pueden enfrentar esta corriente moral de opinión pública”. Igual manifiestan un sentimiento de dar por tierra con el capítulo de defensa de los DDHH. Que (lejos de estar cerrado) mantiene plena vigencia.
 
Ese sentimiento se manifiesta en (a) hombres como Gómez Centurión cuando discute el número de detenidos desaparecidos (sin que el gobierno lo remueva de sus funciones); (b) cuando tratan de transformar en feriado común el 24 de marzo (la marcha atrás tiene que ver con el alto costo que significaba mantener la postura); (c) las declaraciones de Patricia Bullrich: “Nosotros vemos un intento permanente de grupos políticos, de gente que dicen ser organizaciones sociales, que lo que hacen es estar permanentemente en la calle“, solo ve los efectos y no ve las causas (la profunda miseria en la que están sumergidos 14 millones de argentinos), (d) el mal trato y la violación de Derechos Humanos en las cárceles, (e) la represión a las comunidades originarias cuando resisten la  explotación minera o petrolera, (f) la detención de Milagros Sala (más allá de cuestiones que están por probarse, está detenida sin condena desde hace más de un año); en fin, en el no cumplimiento (como imponen los Tratados Internacionales con jerarquía Constitucional) de los derechos para una existencia digna, a la educación, a la vivienda; o el gatillo fácil de la policía. 
 
El gobierno del 1% más rico tiene en su naturaleza, sentimientos e inteligencia, una agenda bien distinta al resto de la sociedad. Por eso la lucha por la memoria, la verdad y la justicia es la lucha por un futuro mejor. Por eso las banderas  del PSA volverán a flamear (como  siempre) este viernes 24 de marzo de 2017.
 
(I).- 24 de marzo de 1976

Golpe de Estado.

El 25 de mayo de 1973 llegaba a la presidencia de la Nación el Dr. Héctor J. Cámpora. Era la culminación de un proceso iniciado con el golpe de Estado de 1955 y en el que, el peronismo fuera proscripto, perseguido y reprimido. Paradójicamente (I) la fuerza mayoritaria de la Argentina tuvo durante 18 años prohibido el acceso a la dirección del Estado por obra de quienes manifiestamente eran minoría. Minoría que, paradójicamente (II), actuaba en nombre de la Democracia y la Libertad.

El golpe de Estado de 1955 no fue el primero contra una fuerza popular mayoritaria. El 6 de septiembre de 1930 don Hipólito Irigoyen era derrocado por los militares, quizás allí se inició la larga lista de golpes. No todos tuvieron la misma naturaleza. En 1943, en 1962 y en 1966, los militares irrumpieron en la vida política del país.
En todos los casos arguyendo eliminar los males existentes para forjar un futuro venturoso. En todos los casos los golpes tuvieron resistencias y también respaldo social. El del 55 sin embargo se había mostrado como más violento. Se llegó a bombardear la Plaza de Mayo, a asesinar a inocentes a mansalva, a perseguir y encarcelar.

Los trabajadores rápidamente comprendieron que el golpe había sido contra ellos, las reivindicaciones obreras pisoteadas, las conquistas sociales eliminadas. Los jóvenes vieron con claridad que aquel golpe oligárquico-imperialista-antipopular era la herramienta de la minoría para imponer su voluntad a sangre y fuego. Anteponiendo sus ganancias y sus negocios al bienestar y la dignidad del pueblo trabajador.

Por eso el grito que más se oyó aquel 25 de mayo de 1973 fue: “se van, se van y nunca volverán”.

Nadie en su sano juicio podía prever que apenas 2 años y 10 meses después, no solo iban a volver, sino que iban a descargar la furia, el odio, el oprobio, la indignidad, la destrucción, el secuestro, la desaparición, la cárcel, la tortura, contra el pueblo todo y en particular contra los jóvenes y los trabajadores. Que se iban a ensañar con las víctimas hasta producir las más bajas vejaciones, las crueldades más horrendas.

La muerte ya había rondado nuestras calles antes del 24 de marzo del 76. La triple A, el armado de bandas para policiales y para militares. El asumir la Doctrina de la Seguridad Nacional impuesta a los militares de América Latina por los Estados Unidos.

Pero el terrorismo de Estado llegó al cenit después del golpe. Nunca antes las Fuerzas Armadas, brazo armado del pueblo para la defensa de la Nación, habían llegado tan lejos y se habían degradado tanto. El secuestro de menores, el mal trato a mujeres embarazadas y el robo de bebes, quizás pinten el horror más profundo y la bajeza más imperdonable a la que pueda llegar la condición humana. 520 centros clandestinos de detención con la finalidad de destruir la voluntad del enemigo. Curioso enemigo el de la dictadura: el propio pueblo argentino.

Antes del 24 de marzo el país no estaba bien. La crisis era profunda en lo político, económico, social y hasta en el terreno de la violencia. Pero nada justificaba el golpe. Las instituciones de la Constitución en el marco del respeto al orden Democrático debían dar respuesta a la crisis. La dirigencia política en especial del peronismo y del radicalismo no estuvieron a la altura de las circunstancias. Lo digo con dolor. El 23 de marzo del 76, estuve con algunos compañeros en la Plaza de Mayo, creyendo que iba a manifestarse resistencia al golpe. Pero no apareció nadie. Tampoco la dirigencia social o eclesial jugaron para salvar las instituciones. Miles de militantes políticos, sociales, estudiantiles, barriales, gremiales, gente de base que no quería el golpe,….no tuvimos con que detener los acontecimientos.

Vale recordar también que tanto el Golpe como la metodología represiva fue diseminada por Estados Unidos a través de la Escuela de las Américas. Esto en el marco de una ofensiva por el dominio de zonas de influencia donde nuestra América Latina era considerada como el patio trasero de la potencia del Norte lo que le otorgaba derecho a hacer lo que creyera conveniente, con la actitud sumisa de las minorías privilegiadas de nuestros países y las fuerzas armadas. Brasil, Perú, Bolivia, Chile, Uruguay entre otros habían sufrido el intervencionismo. El plan Cóndor fue la expresión represiva de una misma política. Represión coordinada entre las dictaduras del Cono Sur, para cumplir el papel que el Norte nos había asignado.

Pero no terminaríamos de comprender el golpe si nos quedáramos en el terreno político-represivo. La economía puede explicarnos muchas más cosas.

Una de las tareas era redistribuir el ingreso en detrimento del pueblo trabajador que pasó de participar en un 50% a un 30% de la torta, en beneficio de los sectores más concentrados-nativos y extranjeros- que pasaron de un 50 a un 70%. Esos 20 puntos al día de hoy representan algo así como 100.000 millones de dólares por año. Cien mil millones de dólares (de hoy 2015) por año que, total o parcialmente, el pueblo entregó como tributo a los sectores más ricos, concentrados, pudientes y privilegiados de la sociedad. La dictadura fue la avanzada en estas latitudes de lo que más tarde se conocería como la contrarrevolución conservadora expresadas en Margaret Thatcher y Ronald Reagan. Tan gigantesca fue aquella transferencia que (con el paso de los años) quizás estemos hablando de más de 1 billón de dólares. Ese fue el botín por el que vinieron, los Martínez de Hoz, los Perez Companc, los Fortabat, los Bulgheroni, los Macri, los Roca, los bancos comerciales, las corporaciones multinacionales, los acreedores externos, el FMI que dio su apoyo desde el principio hasta el fin a la dictadura. Los piratas se distribuyeron el tesoro arrancado al pueblo argentino a sangre y fuego. ¡Que no serían capaces de hacer los piratas por una moneda de oro!

Junto a la transferencia de riqueza, su correlato fue pérdida de poder político en manos del pueblo. Un pueblo empobrecido tiene menos poder político.

Pero no terminarían allí. Para asegurarse el futuro, quisieron terminar con lo que consideraban el reducto de la resistencia popular, el aparato industrial. Es decir aquella rama de la economía que desde 1750 en adelante marcaría el nivel de adelanto, de desarrollo científico y tecnológico y de bienestar de los pueblos, iba a ser destruida. La industria sería atacada sin piedad. Quienes quisieran sumarse a la timba financiera tendrían premio, aquellos obstinados en seguir produciendo en la industria serían extinguidos.

También el Estado debía ser desmantelado. Un Estado activo capaz de planificar la economía a favor del pueblo resultaba ser un enemigo, de quienes querían transformarse en factores dominantes de la economía, sin límites ni restricción alguna. Los zorros no querían pastor en el gallinero, y llegaron hasta lo imposible para eliminarlo.
Claro que buena parte de estos objetivos iban a culminar durante la administración del PJ y Carlos Menem.
Quien quiera leer un poco más profundo que es lo que nos pasó a los argentinos, deberá comprender que lo peor de la dictadura terminó el 10 de diciembre de 1983. Pero sus instigadores, los reales dueños de la Argentina, sus beneficiarios, siguen disfrutando de buena salud hasta nuestros días. Han sido capaces de diseñar un país para pocos. Y lo han sabido mantener. Quizás el período de inflexión de la pos dictadura sea el que va desde el 19 y 20 de diciembre de 2001 hasta nuestros días. Hemos logrado mucho. Elegimos a nuestros gobernantes y reina un clima de respeto por las libertades públicas y ciertos derechos humanos. Pero falta mucho. La injusticia social que nos envuelve no se justifica, la distribución del ingreso es mala, el pueblo sufre enfermedades endémicas y faltan posibilidades para nuestros jóvenes. La Argentina, nuestro país, tiene todas sus potencialidades y posibilidades intactas. Lo que todavía nos falta es definir el proyecto de Nación, que en el marco de la justicia, el progreso y la igualdad, nos brinde a cada uno la posibilidad de desarrollarnos como seres humanos. Quizás ese día hayamos derrotado definitivamente a los dictadores.

(II).- La violación a los derechos humanos.

Parafraseando el “Manifiesto” podríamos decir que: la historia de la humanidad es la historia de la violación a los derechos humanos. Esa es la historia.

La historia argentina no fue distinta. Bastaría pensar en las masacres de los pueblos originarios, las luchas intestinas, la guerra del Paraguay, el abandono de los pueblos sumergidos del interior, la explotación de los obreros del puerto y las ciudades, la semana trágica, la represión en la Patagonia, la introducción de la picana como elemento de tortura, los atropellos a las libertades individuales, la cárcel como herramienta política, la violencia como ejercicio permanente de poder desde el Estado, los levantamientos militares, la triple A, etc.

El drama de esa historia, que quiero señalar, es que cruza las distintas experiencias políticas de nuestro país. Y es una lucha inacabada. Con esto pretendo desmentir la idea vulgar que difunde el gobierno y el sistema político dominante en el sentido que: la violación a los derechos humanos, es una cuestión referida al pasado, que tuvo su punto culminante con el golpe de Estado de 1976 y que se clausuró con el retorno a la Democracia de 1983.
Si bien reconocemos los avances, decimos que es y será mucho lo que queda por hacer.

En la Argentina de hoy el jefe de la inteligencia nacional es César Milani, partícipe y represor de la dictadura del 76. En seguridad se destaca el represor de Berni. Gendarmería estuvo involucrada con el Proyecto X.
En la Argentina de hoy se reprime y criminaliza la protesta social por eso hay cerca de 5.000 procesados por luchar.

En la Argentina de la Democracia sufrimos la desaparición de más de 200 compatriotas, entre ellos el más reconocido Jorge Julio López.

En la Argentina de la Democracia tenemos más de 4.000 víctimas de gatillo fácil conforme registros de la Correpi y otros organismos.

En la Argentina de la Democracia la frontera entre el crimen organizado y las fuerzas estatales de seguridad se hizo laxa, siendo franjas de ambos sectores socios en la práctica de diversos delitos. Tráfico de personas, narcotráfico, robo de coches, asesinatos, etc.

A todo esto podríamos sumar que la destrucción y contaminación del ambiente es una forma de violar los derechos humanos de la generación actual y de las próximas. Mucho más cuando se hace en aras de optimizar la tasa de ganancia de algunas empresas privadas o dar rienda suelta a los objetivos de corto plazo de un gobierno. Y este fenómeno se aceleró los últimos 25 años.

Por eso, como socialistas, es bueno que luchemos por la defensa irrestricta y universal de los derechos humanos sin prejuicios ni preconceptos. Basados solo en la realidad.

Esta lucha es transversal y debemos tener presente que la inmensa mayoría de la población argentina, y su correspondiente reflejo en todas las estructuras políticas, sociales, sindicales, culturales, etc., quiere el respeto de los derechos humanos. Pero debemos saber también que muchos simuladores descreen de estos derechos y siguen pensando que la violencia y el crimen son actores protagónicos a la hora de alcanzar objetivos económicos, políticos, sociales, etc. La lucha por lo tanto no está concluida sino en permanente movimiento. Muchísimos serán los pasos que todavía deberemos dar para sentirnos tranquilos. Quizás falten todavía muchos años. Lo único que no podemos hacer es engañarnos o dejarnos engañar; y en pos de ese engaño o autoengaño abandonar la lucha.

Finalmente creo que el capitalismo organiza los componentes de su sistema para que optimicen la acumulación de dinero (el fetiche del dinero); luego los derechos humanos son una conquista ajena al sistema. Para que verdaderamente reinen en plenitud será menester organizar la sociedad en torno a objetivos humanistas nobles. Ese es el rol y el desafío de un socialismo humanista. Ese es por el que lucharon las mejores mujeres y hombres del socialismo argentino. Esa es nuestra lucha.

(III).- Leo muchas notas donde se describe el golpe de Estado de 1976. En general se identifican los sectores que participaron (algunos lo señalan como golpe cívico-militar; yo prefiero decir que es un golpe imperial, oligárquico, militar y con cierto respaldo social. No olvidemos que la cultura autoritaria nos acompañó demasiado tiempo como para pensar que solo se trató de un conjunto cívico-militar represor y trasnochado); se manifiesta su carácter bestial (doctrina de la seguridad nacional, terrorismo de Estado, violaciones sistemáticas a los derechos humanos, desapariciones, centros clandestinos de detención, torturas, apropiación de bebes nacidos en cautiverio, etc.); la intención del poder económico de imponer un orden apropiado a sus intereses (País agrícola-ganadero, productor de materias primas, subsumido al sistema financiero internacional, endeudado, des-industrializado como medio para debilitar a la clase trabajadora y a la pequeña y mediana burguesía nacional, alineado en el “orden occidental y cristiano”, etc.) y con una gigantesca transferencia de recursos de los sectores populares a los más concentrados del capital (caída del salario real en un 30%, incremento de la tasa de ganancia del capital, concentración de la riqueza, aumento de la desigualdad, etc.) Coincido.

Lo que no se dice es que “no hay peor fascista que un liberal asustado”. ¿Y de que se habían asustado nuestros “liberales”? Se habían asustado del ascenso de la lucha popular y la posibilidad que de allí emergiera una experiencia socialista. Era otro mundo y esto resultará poco comprensible para muchos jóvenes. Pero fue el mismo temor que sintieron en otras latitudes (Por ejemplo en Chile con la vía pacífica al socialismo, donde la Casa Blanca saboteó desde antes de su asunción a Salvador Allende y fue la autora intelectual del golpe de Estado fascista del 11 de septiembre de 1973) y que los llevó a boicotear todas las gestiones de los gobiernos populares, para luego pasar a una ofensiva brutal-fascista. Con el beneplácito de los EEUU y de las fuerzas conservadoras y reaccionarias del planeta. ¿Cuán cerca pudo haber estado nuestro país de que el socialismo se transformara en opción de poder? No lo sé. Pero recuerdo que decenas de miles de jóvenes (quizás bajo el influjo del CHE, de los procesos de descolonización de las tres décadas posteriores a la 2da guerra mundial, de las experiencias revolucionarias en muchos países, de la derrota del imperio en Vietnam, etc.) gritaban por la Patria Socialista. La otra cara de aquella lucha no era el capitalismo nacional, como algunos pretenden. (Siempre entre el formato nacional o transnacional del capitalismo hay estaciones intermedias y el sistema lo puede arreglar hablando. Son contradicciones secundarias. El temor de las clases privilegiadas era a perder sus privilegios y estaba dispuesta a cualquier “exceso” en favor de mantener el statu-quo) La contracara era la Patria Socialista.

Quienes defendimos un socialismo argentino, popular, democrático, humanista y latinoamericano; (antes del golpe, durante la dictadura y desde el retorno de la Democracia hasta nuestros días) lo hicimos en malas condiciones políticas. Además quedamos desde lo moral con una carga enorme: frente a tantas vidas jóvenes sesgadas, frente a tanto dolor, frente a tanto horror; no bajar nunca la bandera del socialismo. Y los socialistas auténticos nunca la bajamos. En eso los socialistas auténticos podemos estar orgullosos. Lógicamente, no como un dogma. Si como una noble aspiración humana a vivir y convivir en dignidad, en el marco de la libertad y la igualdad, llevando adelante lo que la Revolución Francesa no pudo completar, la fraternidad y la solidaridad como única forma de vivir y convivir con dignidad de la especie humana.

Hoy viene el presidente de los EEUU. Dice que va a desclasificar documentación secreta en aquel país referida al golpe de Estado del ´76. Eso es, en principio, una buena noticia. Viene desde Cuba, tierra en la que se intentó (desde las condiciones geográficas, económicas, políticas y culturales más adversas) construir una nueva sociedad. Viene después de haberse sacado una foto en la plaza de la Revolución con la figura del CHE de fondo. Viene de una raza explotada durante siglos como ninguna otra. Viene como un político fruto del árbol del país del norte que tantos dolores de cabeza trajo a América Latina. Muchos plantean “fuera Obama de la Argentina”. No comparto este planteo. Prefiero la bienvenida que los CDR dieron a Barak Obama en Cuba: “con respeto y hospitalidad”. La sabiduría de los pueblos es tener relaciones diplomáticas fructíferas para las partes. Esa capacidad, como la de mantener en alto nuestra Soberanía, nos pertenece exclusivamente a los argentinos.

Hoy el mundo es muy distinto al de 40 años atrás. Estamos acechados por el cambio climático, por la concentración inhumana de la riqueza, por el hambre de cientos de millones de seres humanos, por el potencial holocausto de la guerra nuclear, etc. No es bipolar como en los 70, ni unipolar como en los 90. Emergen regiones enteras con pretensiones de incorporar su voz en el ordenamiento global. Hoy la revolución científico-tecnológica está volviendo obsoleto al capitalismo. A la competencia destructiva del mercado, se empieza a imponer la cooperación constructiva y colaborativa de las empresas y las personas. Vamos a otro orden, que si quiere ser humanista tendrá que ser socialista. No veo otra posibilidad en el mediano plazo.

Por todo esto este 24 de marzo voy a marchar junto a mis compañeros del PSA y a todos los luchadores del campo popular.

Por los 30.000 compañeros detenidos desaparecidos. Por los derechos sociales, económicos y culturales de nuestro pueblo. Por las reivindicaciones de los pueblos originarios. Por las demandas de todos los organismos de derechos humanos.

Más el socialismo. Por todos aquellos que dieron la vida por el socialismo. Por ellos también vuelvemos a marchar.

Mario Mazzitelli