[Instituto Argentino de Propuestas] Mario Mazzitelli: “LA NADA MISMA.”

_mg_1518¿Qué visibilidad alcanza la mayoría de nuestra dirigencia? La punta de la nariz. ¿Y más  allá? Más  allá….la nada misma.
 
Orlando Ferreres acaba de publicar una nota que empieza  de esta manera: “Apenas faltan 13 años para llegar al 2030 y no hemos explicitado ninguna línea estratégica que nos indique dónde vamos a estar para ese año. Es fundamental saber a dónde ir y como llegar. Precisamente esas dos palabras son las claves de cualquier pensamiento estratégico.” Bienvenido alguien que levanta su mirada por sobre la coyuntura.
Su nota hace hincapié en la industria manufacturera. Es una interesante reflexión.
 
Sin embargo sigo insistiendo sobre las múltiples debilidades del pensamiento nacional en torno a nuestro futuro. Desde el IAP proponemos crear el “Centro Nacional de Planificación Estratégica”. Sin repercusión mediática todavía. Nada nos  desalentará en esa dirección y lo repetiremos hasta el cansancio.
 
El pensamiento estratégico para una Nación como la nuestra es tan complejo como imprescindible. Cuando observamos los debates de los últimos días en nuestro parlamento, nos da vergüenza. No porque nuestros congresistas no hablen bien o carezcan de inteligencia, sino porque se los ve atrapados sin salida en la coyuntura. ¿Qué es la coyuntura? Es el conjunto de pequeñas acciones que ocurren en el sistema político, entre una y otra elección, tendiente a sacarle alguna ventaja a los adversarios. ¿Adversarios? Sí, básicamente en la disputa de los cargos públicos. A eso se le llama lucha por el poder. Y, en esta pequeña lucha, el sentido de verdad estará dado por el número de votos que saque cada uno en la próxima elección. Que, lógicamente, redundará en mayor o menor cantidad de cargos públicos; con los que vivir cómodamente y seguir construyendo poder a futuro.
 
La planificación estratégica para la Argentina es otra cosa bien distinta. Aclaro al mismo tiempo que no se agota en poner la mirada en algún lugar del futuro y proyectarse hacia él como un haz de luz que busca una pantalla. Ese proyectarse, en todo caso  puede servir para el cine, no para una Nación. Tampoco encontraremos la respuesta en Sun Tzu, sabio del “arte de la guerra” cuyas enseñanzas son imprescindibles, pero insuficientes; debido a los 25 siglos que nos separan de aquella  realidad. Ni, mucho más cerca, en los planes quinquenales de la URSS.
 
Se  trata de una planificación moderna, democrática, ágil y situacional que actúe de manera continua manteniendo claridad en los objetivos, los plazos y los mejores caminos. Colaborando, al mismo tiempo, con la gestión del día a día. Para que el presente siempre resulte en el cimiento de un futuro mejor.
 
La Argentina moderna, prospera, sustentable y justa que merecemos, no será el resultado de la actividad política en el presente contexto institucional.
 
Hay que cambiar la ingeniería  institucional, mejorar los componentes y hacer operativa la inteligencia de nuestros representantes.
 
Veo que cada gobierno, con sus más y sus menos, repite los mismos comportamientos. Esto demuestra que no se trata de un problema de individuos (que se solucionaría con solo cambiarlos, como creyó Cambiemos), sino de un problema sistémico. Por eso hay que reformar el sistema.
 
Salir del cortoplacismo, la improvisación, el pensamiento fragmentado; para encaminarnos hacia un país con objetivos claros y acciones eficientes es un deber de todos.  
 
El futuro es una fuerza  extraordinario cuando podemos visualizarlo y ayudar a construirlo. Pero angustiante si resulta incierto, ajeno y puesto en manos del “destino”. Ese “destino” nos lo tenemos que apropiar como pueblo. Ser dueños de nuestro “destino”. En última instancia en eso consiste la Democracia, que va mucho más allá del Sufragio Universal conquistado definitivamente en 1983.
 
Nuestra propuesta  de crear el “Centro Nacional de Planificación Estratégica” es la mejor de las planteadas hasta aquí. Para que el futuro deje de ser “la nada misma”, una “esperanza infundada” o una “quimera abstracta” a la  que nos convocan los paupérrimos alquimistas nativos; y pase a ser una fuerza atractiva que nos permita desatar las mejores energías y la libertad creadora de todo el pueblo.
 
Mario Mazzitelli.