“FALTA UNA POLÍTICA DE AHORRO ENERGÉTICO” por Alberto Cortés, ex concejal Rosario

Viernes 12 agosto 2013

Debates. Mientras muchos paíscortes_santafees vienen procurando limitar su consumo energético, demasiado poco se ha hecho al respecto en Argentina. Y en algunas etapas incluso se actuó en sentido opuesto, como cuando se eliminó el tren.

Coincidimos en diagnosticar que Argentina tiene un importante problema energético, tanto desde el punto de vista de su oferta como desde el lado de la demanda. Respecto a la primera, hay que señalar que la mayor parte: 87,5, es fósil (gas-petróleo-carbón). La disponibilidad interna de estas fuentes quedó seriamente afectada desde la privatización de YPF y las políticas de los 90 (inspiradas en principios similares a las actuales) que produjeron caída de reservas por no exploración por las petroleras privadas y exportaciones de gas a Brasil, Uruguay y Chile. Los gobiernos electos desde 2003 respetaron la estructura resultante, hasta provocar un gran déficit de balanza comercial energética, antes superavitaria. Recién ahí borraron con el codo las públicas alabanzas a Repsol de pocos meses antes y se procedió a “nacionalizar” YPF. Apenas para pasar a políticas muy contaminantes mediante pactos con Chevron, cuyo secretismo comenzado bajo el gobierno anterior hoy se mantiene. La actual jefa de la Oficina Anticorrupción, que antes lapidaba ese ocultamiento, ahora lo defiende.Del lado de la oferta nuestro país pasó de exportar hidrocarburos (cosa que nunca debió haber hecho) a lesionar seriamente su balanza de pagos por su importación, reducir dramáticamente reservas de petróleo y gas, privatizar y extranjerizar considerablemente (aun contando la parcial vuelta atrás de la “nacionalización”) la principal empresa y la más rentable del país, y zambullirse en las tecnologías de extracción más contaminantes.
Hay que tener presente que toda producción de energía acarrea contaminación. Hasta las renovables para ser aprovechadas requieren equipos cuya fabricación consume energía, productos mineros varios, etcétera (pero su menor impacto ambiental hace igualmente conveniente reemplazar energía fósil por solar, eólica, geotérmica).
Por el lado de la demanda es preciso dejar de desperdiciar. A esto, que solía llamarse Ahorro Energético o Uso Racional de la Energía, ahora se lo designa con el nombre más preciso de Eficiencia Energética. Más preciso, porque no se trata de promover privaciones en servicios ni en comodidad de nadie, sino en medidas que permitan brindar esos mismos servicios y comodidades con menor consumo de energía.

No se trata solamente de modificar conductas de usuarios. Paralelamente hay que construir los edificios (o adaptarlos) para consumir menos, brindando igual o mejor confort térmico al interior, promover formas de transporte que con menos energía transporten igual cantidad de personas o cargas (generalmente con mayor rapidez y seguridad, menor polución y más saludablemente), optimizar procesos industriales, etcétera.

La conducta de las personas juega también un rol: dejar puertas o ventanas abiertas con calefacción o acondicionador encendidos, regular éstos a temperaturas innecesariamente altas en invierno o bajas en verano, usar inadecuadamente electrodomésticos y formas de cocción de alimentos, consumo no responsable del agua corriente (su producción demanda energía y otros insumos. Rosario consume 500 l/día-habitante contra los 50-100 aconsejados por la OMS). Todo es parte del problema, que es necesario modificar con campañas permanentes y con la introducción de la temática en la educación.

Mientras muchos países vienen procurando limitar su consumo energético desde la crisis petrolera de 1973, demasiado poco se ha hecho al respecto en Argentina durante los últimos 40 años. En algunas etapas incluso se actuó en sentido opuesto (eliminación del tren por el menemismo).

Quien escribe estas líneas fue, como concejal, autor de la ordenanza 8757/2011, la primera en Argentina en empezar a normar la eficiencia energética de los edificios en cuanto a confort térmico (además de otras iniciativas en el mismo sentido). Un año después la Ciudad de Buenos Aires imitó a Rosario (ley 4458/12).

Se mantiene sin embargo la falta de políticas públicas en otras jurisdicciones (en la provincia de Buenos Aires existe la ley 13059/2003, reglamentada en 2010, pero no es operativa), sobre todo a nivel nacional.

El reemplazo de lámparas incandescentes por las de bajo consumo es casi la única medida de alto impacto adoptada bajo presión de entidades ecologistas (no se previó, sin embargo, mecanismo alguno para recuperar las desechadas e impedir la contaminación por el mercurio que contienen).

Es cierto que el precio de la energía es una de las señales que puede ayudar o entorpecer la promoción de la eficiencia energética, y que la política de subsidios indiscriminados no colaboraba. Sin embargo, una política seria para mejorar el uso de la energía, que sólo es lograble gradualmente, necesita de un plan nacional integral que este gobierno no ha ni siquiera anunciado.

El aumento brusco e indiscriminado de las tarifas de la energía, en cambio, mal compensada por casos sociales que sería imposible instrumentar adecuadamente en plazos tan cortos y acompañado por “consejos presidenciales” que aparentan ir en el camino de mejorar nuestro uso de la energía, pero que están fuera de contexto de un plan global que no existe, no es obviamente el camino. Medidas como el aumento del 400/500 por ciento en la factura de gas, independientemente del consumo de este año, son además una abierta invitación al derroche.

Esta forma de atacar el problema energético sólo traerá como consecuencia agravar la pobreza, quiebra de pymes, aumento de desocupación y marginación.

Considerando que la mayor parte de los aumentos del precio del gas (también la electricidad en Argentina se genera en alto porcentaje, quemándolo) ha sido para incrementar el pago a las petroleras y no para reducir subsidios, y sumándole que el Ministro de Energía fue CEO de una de ellas hasta un año atrás y sigue como accionista, y que esa empresa —Shell— se ha beneficiado de la mayoría de las últimas importaciones de gas por barco, así como de la provisión desde Chile, podemos concluir que los consejos para abrigarse aun dentro de la casa en invierno responden a motivaciones distintas de las invocadas, y que una política seria en materia energética en Argentina es todavía una asignatura pendiente.

Debates II. El lugar de los docentes y la comunidad educativa en la norma que propone el gobierno.

Alberto Cortés / Ex concejal por el Partido Socialista Auténtico