LA DEUDOPATÍA ARGENTINA

La deudopatía argentina es la hermana mayor de la ludopatía individual.

Así como “la ludopatía individual consiste en un trastorno en el que la persona se ve obligada, por una urgencia psicológicamente incontrolable, a jugar, de forma persistente y progresiva, afectando de forma negativa a la vida personal, familiar y vocacional”, según la definición más general; la deudopatía argentina consiste en un trastorno autóctono, de naturaleza político-social-psicológico, definido por una urgencia incontrolable a endeudar a la Nación, afectando de forma negativa al conjunto de los sectores populares*.

Estos trastornos tienen una base material desde la que desarrollarse. En el caso de la ludopatía se necesitan casas de juego, bingos, casinos, etc.; en el caso de la deudopatía ese rol lo juegan los bancos, el capital financiero, los lobistas financieros, etc. En ambos casos el elemento que produce la perturbación es el fetichismo del dinero.

Según Elisardo Becoña (Catedrático de la Universidad de Santiago de Compostela) las fases del trastorno adictivo “ludopatía” son tres:
1. Etapa Dorada: el jugador es más consciente de lo que gana que de lo que gasta
2. Etapa de desesperación: El jugador ha perdido todo su dinero
3. Aceptación: El jugador toma conciencia de su problema.

Análogamente en la “deudopatía” se reproducen estas etapas:
1.- Etapa Dorada: el tomador de deuda siente que está líquido y que puede gastar. Aumenta el gasto público e individual. Todos parecen felices. (Plata dulce)
2.- Etapa de desesperación: el tomador de deuda no puede pagar. Aquí se vuelven a abrir tres fases: (I).- Se toman nuevas deudas para pagar las anteriores. Las nuevas deudas vienen con una sobretasa de interés por el mayor riesgo de incobrabilidad (Riesgo país). (II).- Se trata de ocultar ante la población la incapacidad de pago. La población ignora de qué se trata. Solo se le dice que: “las deudas se pagan”. (III) El pueblo baja la cabeza, asume el ajuste y paga. El que tiene dólares no paga porque los encanuta o los fuga (las inversiones de todo tipo de los argentinos fuera del circuito productivo o financiero local se aproximan a los 400.000 millones de dólares. Es decir más de dos veces la deuda en dólares del país). El que tiene pesos y capital, transforma los pesos en capital y defiende su patrimonio. El que tiene pocos pesos paga con hambre, salud, educación, vivienda, etc. (Como todos sabemos estas deudas las disfrutan los ricos y la pagan los pobres).
3.- Aceptación: ante la incapacidad de pago y de obtener nuevo endeudamiento, el país entra en cesación de pago (De La Rua 2001/Rodríguez Saa “suspensión del pago de la deuda externa. Default) y crisis integral. Faltan dólares para los insumos industriales,…se paraliza la producción,….crisis económica,….social,…política. Rebelión popular.

Desde el primer “deudópata” nacional de envergadura don Bernardino Rivadavia, la historia se repite.

Ahora es nuestro nuevo presidente Mauricio Macri y el ministro Alfonso Prat Gay que nos explican tres cosas paradójicas: (I) Que pagamos a los buitres porque media un fallo judicial en tribunales extranjeros (prórroga de jurisdicción en los tribunales de Nueva York, sede de Wall Street; que hizo el gobierno K en nombre del proyecto nacional y popular –sic-). Pago en efectivo que en verdad no hacemos, porque emitimos nueva deuda con nuevos bonos por un monto mayor. De manera que después de pagar debemos más que antes –sic-
(II) Que aparte de esta deuda vieja -que no pagamos con recursos genuinos-, vamos a tomar deuda nueva; incrementando notablemente todos los volúmenes. (Sin explicar muy bien: ¿Por qué si antes no pudimos pagar una “deuda vieja menor” con recursos genuinos, en el futuro estaremos en condiciones de pagar una “deuda nueva mayor”?)**
(III) Que con la nueva deuda ejecutaremos un plan de inversión en “rutas, autopistas, puertos, etc.”; inversiones que mayormente se cubren con pesos argentinos (mano de obra, materias primas, herramientas, etc.), pero que en la ocasión necesitamos dólares para no emitir y generar inflación. Omitiendo que mañana (que llegará más tarde o más temprano) deberemos pagar a los acreedores con dólares “capital + intereses”. Y que para comprar esa mayor cantidad de dólares habrá que emitir una mayor cantidad de pesos. Que, seguramente, impactarán sobre el déficit fiscal. De manera que la inflación que el kirchnerismo pretendió esconder en el ropero del Indec (monstruo que todos pudimos descubrir. Que un día se les escapó, no lo pudieron controlar y los terminó deteriorando hasta la derrota); el macrismo intenta encubrirla debajo de la alfombra (trasladando al futuro el mismo problema. Así, más adelante, descubriremos que el monstruo jibarizado vuelve a crecer, se descontrola y nos devuelve al fracaso. / El puente que Macri nos prometió para pasar de la frustración a la alegría, es el mismo puente por el que se pasa de la alegría a la frustración. Los puentes al futuro son buenos, pero si se repiten los mismos errores del pasado, la doble vía es inexorable).

Nuestros “deudópatas” no ceden. Nos corren desde la obviedad “endeudarse no es bueno ni malo”. Simétricamente podemos decir “endeudar al otro no es ni bueno ni malo”. Ahora le pregunto al lector: ¿Usted que prefiere ser deudor o acreedor? Si tuviera que pensar en un polo dominante y otro dominado ¿Quién piensa que es el dominante y el dominado? Si uno de los dos impone condiciones ¿Cuál cree usted que es?

Los “deudópatas” sostienen que para dar el salto de calidad que la economía necesita (infraestructura, tecnología, organización, etc.) para ser más competitiva es necesario contar con un “capital” que el país no tiene. (Dejando de lado que las modernizaciones a expensas de endeudamiento, se vuelven obsoletas en el corto plazo. Simple: porque nadie financia la modernización de su competidor) Contesto: esa acumulación primitiva de capital los argentinos la tenemos en las “rentas extraordinarias” emergentes de nuestra naturaleza (tierra, minerales, petróleo, peces, etc.) y que son saqueadas de las manos del pueblo argentino a través de mecanismo pacífico del endeudamiento (entre otros). Así la “deudopatía argentina” resulta funcional a determinados intereses del capital concentrado.

No quiero dejar de señalar que la “deudopatía” es contagiosa y que, por tanto, no solo actúa sobre las élites, sino también sobre los ciudadanos comunes. En este último caso exacerbando a través de la propaganda las ansías de consumo en la mujer o el hombre de a pie (ver propagandas varias del Banco Galicia), así se toman deudas con tarjetas de crédito a tasas usurarias con tal de comprar la mercadería o servicio (electrodoméstico, ropa, zapato, turismo, etc.) que trastorna el presente. Este comportamiento también es destructivo para unos y aprovechado por otros.

Los ludópatas y los deudópatas, siempre creen que la próxima jugada es la ganadora. Pero se equivocan siempre. La historia se repite como en una triste calesita en la que va la vida de nuestra gente. Aquí son oportunas las palabras del arzobispo de La Plata Héctor Aguer: “poco grato es comprobar cómo se ha tenido razón al pronosticar calamidades que acaban convirtiéndose en cruda y penosa realidad. Es el caso de quienes oportunamente alertamos sobre los peligros de una deuda externa en permanente expansión y, para colmo, considerada inofensiva y hasta saludable por los sectores más decisivos de nuestra dirigencia económica y política. Hace un año y medio dijimos en el Senado: “Una pesada lápida amenaza caer sobre nosotros sepultando nuestro propósito y deber de constituir efectivamente una Nación libre, justa y soberana. Ya puede adivinarse la inscripción mortuoria: Aquí yace la República Argentina; vivió pagando, murió debiendo”.

He dicho que no quiero pelearme con la esperanza del pueblo (la esperanza nunca es vana, decía Borges) Solo advierto que la “dulce esperanza” no nos despierte un día, dentro de unos años, con el sabor amargo de la hiel, reprochándonos nosotros mismos bajo la pregunta del incauto ¿Cómo no nos dimos cuenta?
La seguimos.

*(Lógicamente no se habla en esta observación de quienes pueden jugar en el marco de un autocontrol estricto, ni de quienes pueden tomar crédito en el marco de planes muy bien calculados, donde el balance final da positivo. En la nota se habla de la realidad que vivimos aquí y ahora).

** (En realidad algunos miembros del equipo económico, por su deformación profesional, creen que las deudas no se pagan. Se refinancian sin solución de continuidad. El único asunto a discutir es la tasa de interés. Este razonamiento peca de desconocimiento. “No hay tiempo que no se acabe”, “ni deuda que no se pague”. / En la política internacional se toma deuda contra la hipoteca de la soberanía nacional. Y como a ese nivel no se puede ejecutar una deuda rematando una Nación –los muertos no pagan-, se va ejecutando la hipoteca por partes. Así se entregan finanzas, comercio, tierras, etc. y concesiones de todo tipo. El colonialismo moderno es más sofisticado que el antiguo, pero no por eso menos eficiente.)

Mario Mazzitelli

Dirigente Nacional

Partido Socialista Auténtico