8 DE MARZO: DÍA INTERNACIONAL DE LAS MUJERES TRABAJADORAS

El 8 de marzo se conmemora el día Internacional de las Mujeres Trabajadoras.

Popularmente, la chispa de esta jornada histórica, fue el incendio de la fábrica de camisas de Nueva York, el 25 de marzo 1911, en el que murieron 146 mujeres y 23 hombres. Las puertas se encontraban cerradas “para evitar robos de mercadería” y, muchas de las operarias que venían participando de reclamos contra las condiciones de trabajo infrahumanas y peligrosas, eran inmigrantes de Europa del Este, condición social esta que vulnerabilizaba aún más sus condiciones de existencia.

Sin embargo, fue un año antes, cuando las compañeras, nucleadas en la II Conferencia de Mujeres Socialistas (Luego, la Internacional Socialista de Mujeres), y apoyadas por, la camarada alemana, Clara Zetkin, establecen la realización de esta jornada, en alusión a las 15 mil mujeres textiles, que fueron reprimidas por la policía mientras reclamaban,  igual remuneración por igual trabajo, el voto femenino, permiso en horario de trabajo para amamantar, y contra el trabajo infantil, en la jornada que tiene como frase celébre “queremos el pan, pero también, las rosas”. Dejando entrever que la satisfacción del reclamo no era simplemente un aumento del jornal, sino de calidad de vida.

Cuatro años después, en vísperas de las I Guerra Mundial se logra unificar en la mayoría de los países, la fecha 8 de marzo, como día internacional de la Mujer Luchadora.

Es dable destacar, que previo a 1910, ya se celebraban movilizaciones por el día de la mujer, con reivindicaciones ligadas al sufragio femenino, y con posterioridad se enfatizó en las condiciones y necesidades ligadas al trabajo.

Como característica, estos reclamos, sin embargo, lejos de ser netamente obreros, siempre evidenciaron problemáticas sociales más complejas. Las mujeres salimos a la calle para decirle basta a las guerras, que hambreaban a todo el pueblo, y se llevaban además la vida de los jóvenes combatientes. Para decirle basta a las jornadas de 15 y más horas de trabajo, agotadoras hasta desfallecer. Jornadas en las que los y las más pequeños jugaban en el mismo taller donde trabajaban sus madres, y luego también eran la mano de obra más barata; en condiciones en las que los incendios sin escape y todo tipo de “accidentes”, eran moneda corriente. También para reclamar, en épocas de crisis económicas, la carestía de la vida, que en las clases subalternas imposibilitaba el acceso a los alimentos. Se peleaba y se pelea por condiciones que permitieran trabajar: guarderías, escuelas, máquinas de coser, reducción de la jornada laboral, licencias por maternidad, o tiempo para amamantar en horarios de trabajo, o poder sentarse en el mismo, una obviedad que no fue tal hasta la sanción de la Ley 12.205 (en 1935) llevada al Congreso por el abogado socialista Alfredo Palacios e impulsada por las compañeras tejedoras, alpargateras, trabajadoras del vestido, sombrereras, textiles y demás empleadas de comercio.

En los campos, poniendo el cuerpo a los intentos de ser despojadas de las tierras del rancho familiar. En épocas de represión, enfrentando al miedo y al silencio, diciéndolo todo. En épocas de protagonismo de la pizza y el champagne, organizando en los barrios, en los comedores estirando el mate cocido para que entren en calor más gargantas y circulando la palabra; o defendiéndose de los desalojos con los/las hijos/as en brazos, sin que les fuese aún en estos casos, permitido descuidar las “labores” domésticas ni dejar de leer el cuaderno de comunicaciones. Labores, estas, que por años fueron trabajo no reconocido pero fundamental para reproducir la fuerza de trabajo de cada día.

Para cambiarlo todo se salió a la calle, sí, también se salió a la calle para participar de la vida político-electoral y así ser escuchadas por quiénes hacían las leyes para menos de la mitad de la población. Se inventaron, al respecto, mil intervenciones, se votó sin voz, porque esas elecciones no valían nada para alguien, se buscaron hasta encontrar los vericuetos a las leyes existentes, como lo hizo, en Argentina, Julieta Magdalena Lanteri, la primera mujer en sufragar en Sudamérica, en 1911 y en ser candidata en 1919 (Votada por 1.730 de 154 mil empadronados, todos hombres), presentando una plataforma de vanguardia en materia de derechos de las humanas y la niñez, muchas de cuyas propuestas aún se encuentran lejos de ser realidad.

Alicia Moreau, Elvira Rawson, Cecilia Grierson, fueron pasando la posta de la lucha por el reconocimiento de los derechos cívicos del “segundo sexo”, hasta que recién 35 años después de sancionarse la ley de sufragio “universal”, de la mano de la insistente “Evita”, finalmente, fue posible.

Más tarde la sociedad le puso palabra a la separación de hecho y paulatinamente llegó el divorcio. Otro tanto llevó a los ex cónyuges y a sus hijos/as, ir perdiendo la fuerte sanción social que les imprimía tomar tal decisión, reflejando, por otro lado, la hipocresía que generaba un canon moral difícilmente realizable en la práctica. Que las nupcias, todas y cada una de ellas, duren hasta que la muerte los separe. Y a costa de esto, tolerar cualquier suplicio. Más aún si tenemos en cuenta que las mujeres debían “llegar vírgenes al matrimonio”, el cual además se solía tener lugar en los primeros años de la adultez, implicando con un conocimiento bastante desacabado de la pareja en el largo plazo, en una época en la que hablar con franqueza entre hombres y mujeres estaba aún más lejos que hoy.

Pero no todos fueron contratiempos para aquella institución. Aunque aún hay quienes creerán que sí. La Marcha del Orgullo, característica por los colores y los disfraces, pudo sacarse las caretas para celebrar, porque después de una larguísima lucha en las calles, en las casas, en los tribunales de todo el país, en los lugares de trabajo, en las provincias, en los medios, en diputados, en senadores, se aprobaron las leyes de Matrimonio Igualitario y la de Identidad de Género, en el ámbito nacional. De esta última fue, cabe reconocer el legado que dejó la compañera trans Lohana Berkins, quién nos dejó físicamente hace tan solo un mes.

Asimismo, fruto de la lucha del mismo colectivo, el año pasado en la Ciudad de Buenos Aires, la vanguardista ley 5261, antidiscriminatoria, incorporó como categorías especialmente protegidas, la orientación sexual y la identidad de género, adultos/as mayores, personas con discapacidad, que aún no están contempladas a nivel país, aunque ya está presentado el proyecto, e invierte la carga de la prueba a favor del/a discriminado/a.

Al fin se sacaron los trapitos al sol. Ya no es impune la Justicia cuando balbucea sobre “crímenes pasionales”, también en la tv, los diarios y de a poco en las urbanas charlas de café, es cosa de dinosaurios/as.

En Argentina existen refugios para que las mujeres y sus hijos/as puedan salir del hogar en situaciones donde el riesgo para sus vidas es alto. Pero la distribución de los mismos es desigual e insuficiente y en algunos casos la infraestructura es precaria, lo que hace que las estadías allí no duren lo suficiente para que los demás mecanismos institucionales logren mitigar el peligro y/o las mujeres logren rearmarse de los recursos (económicos, sociales, psíquicos, etc.) que son minados por años de violencia de género. Por otro lado, la apropiación, respecto de esta problemática aún no es masiva en el ámbito rural, máxime en la clase trabajadora, y sigue encabezando, al igual que el aborto realizado fuera del hospital, una de las causas de mortalidad materna más alta, quizás por ser tan silenciosa, o silenciada,  como aquél.

El gráfico corresponde a la estadística publicada por la Oficina de Violencia Doméstica para el período 2008- diciembre 2015, dependiente de la Corte Suprema de la Nación (CSJN), que se encuentra en el centro de la Ciudad de Buenos Aires, Lavalle 1250. El año pasado moría, por causa de su de género, a manos de un familiar, pareja o ex pareja, una mujer cada 30 horas, este año ya fueron asesinadas 32.

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La tabla corresponde a la distribución de los asesinatos de mujeres en sus relaciones interpersonales según las estádisticas de la CSJN, en 2014. El informe señala que 140 niños/as y adolescentes quedaron sin madre, sin poder precisar la cantidad de hijos/as de 130 de las mujeres asesinadas (Para consultar los criterios en la contabilización ver http://www.csjn.gov.ar/om/docs/femicidios_2014.pdf ).

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Sin embargo, la violencia de género cobra otras formas socialmente más toleradas e invisibilizadas: las redes de trata de personas para prostitución. El 85% de las víctimas son mujeres, la mayoría mayores de edad pero no todas. Según el informe del Programa Nacional de Rescate y Acompañamiento a las Personas Damnificadas por el Delito de Trata. En Argentina casi la mitad de las rescatadas son extranjeras, la otra mitad en su mayoría, argentinas de familias empobrecidas.

Las Madres Víctimas de Trata, con la fuerza incansable de Margarita Meira, desde su comedor en el barrio porteño de Constitución vienen luchando por poner en la agenda pública este tema, que antes era tabú y que funciona en connivencia con las redes de narcotráfico, policías, jueces, funcionarios y “empresarios de la noche” tanto de prostíbulos habilitados eufemísticamente como whiskerías, como de boliches VIP, como Shampoo y Mix (Cancún), en dónde hace unos años trascendió una foto de Mauricio Macri y Juliana Awada con Conde, el administrador y donde se comprobó la explotación de mujeres traficadas de Brasil y República Dominicana.

Por último, es necesario destacar que la inserción de las mujeres al mundo laboral se ha dado en condiciones dispares.

En primer lugar, pese a que hace más de 40 años se intensificó la inserción de mujeres al mercado de trabajo, no por esto disminuyó su carga horaria en el ámbito doméstico, es decir, se acentuó la doble explotación de las mujeres.

Además las mujeres de menos recursos y las mujeres que recién ingresan al mercado laboral, cuidan a los hijos/as de aquellas que tienen la posibilidad de acceder a un trabajo calificado. Y los hijos/as de las primeras, son cuidados por familiares; madres o tías.

Ya en edad escolar, en la mayoría de los centros urbanos las vacantes para los jardines públicos es escasa.

En algunos casos, las mujeres que se encuentran en situación de vulnerabilidad social; madres pobres sin pareja o con su pareja presa (no tienen con quien dejar a los/as hijos/as durante el día), inmigrantes, personas trans o travestis (producto de la discriminación), encuentran subsistencia en la prostitución, como única forma a su alcance.

Respecto de los trabajos que requieren un mayor grado de capacitación formal, el ingreso de las mujeres es muy marcado en la base de las pirámides organizacionales, pero no en los cargos jerárquicos y puestos de decisión, pese a que se reciben de las Universidades más mujeres que hombres. Es el fenómeno del “techo de cristal”, donde además la remuneración es desigual a la de los compañeros varones.

En el ámbito rural de producción de subsistencia y/o regional, la economía tiende a ser mayormente familiar, es decir, todo el grupo familiar o comunitario, participa de las tareas que se requieren relacionadas a la crianza de los animales y la cosecha y elaboración. Pero solo las mujeres y niñas, además, lavan la ropa y preparan la comida y cuidan a los hermanos, mientras que no les es dado salir de paseo o volver tarde del pueblo o del centro. El “no me pega”, viene acompañado de un “por suerte” y probablemente de un “como a la de al lado”, es decir, no se concibe como derecho exigible.

En conclusión, el rol de las mujeres a partir de la inserción laboral sigue siendo injusto. Las tareas de crianza, cuidado, y reproducción de la fuerza de trabajo, es decir, en el ámbito del hogar, recaen aún mayormente en las mujeres y esto no ha cambiado en el imaginario popular, que en todo caso ve con buenos ojos que el hombre “te ayude” pero no asume como propias estas responsabilidades. Un síntoma claro de esto, las propagandas sexistas de productos de limpieza y compras continúan, entre las “expertas en ahorro” y las compradoras compulsivas de zapatos y productos de “belleza” que claro está siguen respondiendo a los ideales de belleza tradicionales y en un modo obsesivo.

La ley de cupo o cuota (el 30% en Argentina), hoy es más un piso que un techo. En la mayoría de los ámbitos de discusión política, especialmente en los partidos tradicionales y en el ámbito gremial (esto dificultando aún más accionar contra la discriminación en los ámbitos de trabajo), la presencia femenina en las reuniones orgánicas maquilla mesas chicas donde las decisiones las toman otros.

Sí, aún pese a 8 años de gobierno de una Presidenta. Y sí, aún con la recientemente electa Jefa de Gobierno en la Provincia.

Por último, la mayoría de los trabajos de las mujeres de clase trabajadora, está ligado a roles de cuidado y/o la limpieza y/o servicio: empleadas domésticas, cuidadoras, enfermeras, camareras, mayormente empleo en negro. Algo mejor remuneradas las secretarias y asistentes.

En todas ellas recae y recaerá con mayor fuerza el peso del ajuste y la inflación.

Por eso, este año marchamos y seguimos reclamando por:

NI UNA MENOS, las principal causa de muerte de mujeres son los FEMICIDIOS, las complicaciones evitables de ABORTOS CLANDESTINOS y las dilaciones de ABORTOS NO PUNIBLES.

NO al vaciamiento del PROGRAMA DE SALUD SEXUAL Y REPRODUCTIVA. La educación sexual integral busca derribar los prejuicios de la discriminación hacia las mujeres, la lesbo, homo y transfobia, que lleva a los travesticidios.

Desmantelamiento DE LA REDES DE TRATA, e implementación real de programas de atención y reinserción laboral de las víctimas.

Ayelén Tavolara

Frente de Género y Diversidad

Partido Socialista Auténtico