Izquierda y Progresismo: Los Límites del Centrismo. Por Adrián Camps

II SEMINARIO INTERNACIONAL
El Nuevo Orden Mundial a fines del Siglo XX.

Por Adrián Camps (*)

(Tema: El debate entre marxistas y el centroizquierda)

No resulta sencillo, como socialistas, abordar el análisis de las corrientes políticas al margen de los procesos económico-sociales y de las grandes corrientes ideológicas del pensamiento mundial.

Es desde este punto, el ideológico, que resulta imposible encontrar una definición que identifique al centro-izquierda, precisamente, porque como lo indica su nombre, no es ni centro ni izquierda, sino la reunión de características del centro y otras de la izquierda, sin que se sepa con precisión cuáles son esas características.

Esta carencia de identidad ideológica suele extenderse a la falta de identificación con alguna clase social definida. La mayoría de los movimientos de centro-izquierda se identifican con amplios sectores de la sociedad, incluyendo en algunos casos a los grandes grupos empresarios.

Como marxistas, sabemos que es incorrecto arribar a generalizaciones para intentar luego encasillar cada movimiento dentro de una definición general. En efecto, las generalizaciones solo son útiles como guías para el análisis de cada caso particular. Hecha esta salvedad, podríamos definir al centro-izquierda como progresismo, es decir, como un movimiento que busca el mejor desenvolvimiento de las libertades públicas y el progreso social sin modificar esencialmente las relaciones capitalistas de producción.

También, desde el mismo criterio de análisis y más allá de las autodefiniciones de policlasismo, podemos afirmar que el centro-izquierda es en esencia una expresión política de las clases medias con ramificaciones hacia ambos lados en el espectro social.

El centro-izquierda ante el modelo económico neoliberal.

El comportamiento del centro-izquierda ante el modelo económico responde esencialmente al contenido de clase media de este espacio político y en consecuencia varía sustancialmente de acuerdo a la realidad de cada país. En términos generales podemos decir que refleja las contradicciones y temores que el modelo introduce en el seno de las capas medias; por un lado, el respaldo de los que logran insertarse en el proceso productivo y, por el otro, los que van siendo excluido por la concentración del capital, la apertura de la economía, la competencia y la racionalización. Este último sector, que podría sumarse a una propuesta opositora, también exhibe un comportamiento errático alimentado por los temores que despierta un colapso del modelo o el retorno a los períodos hiperinflacionarios.

El dirigente socialista cordobés, Roberto Simes, sostiene que las contradicciones económicas existentes en las capas medias explican en parte el comportamiento electoral atípico que exhibe este sector de la sociedad. Así, cuando se pone en juego el modelo económico en una elección presidencial el voto adquiere un carácter conservador. En cambio, cuando se disputan cargos de constituyentes o legislativos, la oposición política se expresa con mayor envergadura.

Esta realidad no ha pasado desapercibida para la dirigencia política del centro-izquierda. De hecho, el FREPASO adquirió en las elecciones presidenciales de mayo de 1995 un tono marcadamente moderado en sus propuestas económicas, limitando el discurso político a las denuncias de corrupción, defensa de los derechos humanos y de la honestidad en el ejercicio de la función pública.

Si bien la moderación del discurso en las elecciones presidenciales pudo haber ejercido un papel de contención sobre el electorado de las capas medias, no pudo exhibir, en cambio, mayor éxito en su relación con los grupos más concentrados del poder económico.

Esta falta de éxito, sin embargo, no puede atribuirse a fallas en la gestión o a la falta de voluntad acuerdista. En efecto, en diversas oportunidades la dirigencia de centro-izquierda se presentó ante los grandes grupos económicos como alternativa honesta y confiable de recambio político del menemismo. Si estos grupos prefirieron seguir respaldando la gestión del Presidente Carlos Menem es porque el menemismo les viene garantizando el respaldo o la pasividad del sector más castigado por el modelo económico neoliberal. Me refiero naturalmente a los trabajadores.

Esta realidad es una de las grandes particularidades de la política de la Argentina. Resulta, sino imposible,  encontrar en el mundo organizaciones gremiales de los trabajadores que respalden los procesos de privatización y el cercenamiento de conquistas históricas del movimiento obrero. De más está decir, que mientras esta actitud no cambie, el respaldo de los grandes grupos de poder al menemismo persistirá a la hora de las grandes definiciones.

La ubicación de las corrientes de centro-izquierda en la Argentina se ve alterada por el alineamiento de la dirigencia del movimiento obrero junto al modelo neoliberal. En los países donde los trabajadores se expresan a través de organizaciones gremiales y políticas de izquierda, el centro-izquierda se ubica en el centro de la escena política ofreciéndose ante los grupos de poder como contención frente al avance de la izquierda y, ante los sectores medios y del trabajo, como “moderador” del salvajismo capitalista.

La identidad peronista de la mayoría de los trabajadores y sectores sumergidos por la crisis, la burocratización de la dirigencia gremial (o buena parte de ella) y política del peronismo y su respaldo al modelo neoconservador impiden que el centro-izquierda de la Argentina ocupe su lugar en el centro del espectro político obligándolo a un permanente movimiento de péndulo entre las actitudes opositoras y la conciliación con los grandes grupos del poder económico.

Centro-izquierda y Partidos populares

Gran parte  de los movimientos y partidos de centro-izquierda tienen su origen en escisiones por izquierda de partidos populistas. Estos partidos tienen como una de sus características, la existencia de alas que se proyectan ideológicamente hacia la derecha o hacia la izquierda. Esta pluralidad actúa como elemento de contención cuando los partidos populares ejercen la oposición, pero se torna crítica en los períodos en los que acceden al gobierno y desaparecen las indefiniciones.

Resulta común, en esas condiciones, que los sectores progresistas de esos partidos constituyan una nueva identidad política o se sumen a alguna de las expresiones preexistentes.

Estos partidos o frentes suelen conservar diversas características del tronco original, entre ellas la forma organizativa y la práctica política; sin embargo, conservan esencialmente la vocación por recuperar el carácter de partido de mayorías y relacionarse nuevamente con el poder.

Es así que partidos y movimientos de centro-izquierda surgen como un discurso cercano a la izquierda, buscando un espacio político distinto, más pequeño y seguro, que el de los partidos populares. Pero una vez alcanzado cierto grado de desarrollo y generadas expectativas de poder, las posiciones políticas van virando hacia el centro superponiéndose con el discurso de las corrientes populistas existentes.

Centro-izquierda y Social-democracia

Resulta usual, particularmente en Argentina, ubicar a la social-democracia dentro de la centro-izquierda, en especial cuando se reclama la unidad de ese espacio político. Si bien la amplitud de la definición “centro-izquierda” permitiría esta incorporación  es necesario señalar que la social-democracia presenta algunas características que no son comunes a otros movimientos de centro-izquierda.

La social-democracia tiene cierta identificación social con la clase trabajadora y, en algunos países, una presencia sindical importante. También encontramos en los socialdemócratas algunos planteos respecto al régimen de propiedad tales como la cogestión y el cooperativismo, que sin alterar la esencia del sistema, aportan al debate sobre la propiedad social. Se admite también un cierto grado de participación del Estado en la economía. Finalmente, como planteo lejano y difuso, la socialdemocracia manifiesta el ideal de una sociedad socialista.

Históricamente, el término “socialdemócrata” fue el nombre de los partidos marxistas europeos. Con el tiempo, la denominación y los mismos partidos de esa orientación fueron girando a posiciones, primero revisionistas, luego reformistas y finalmente, pragmáticas.  La idea difusa de un socialismo remoto caracteriza a estos partidos que se han quedado a mitad de camino entre la reforma y la revolución.

Centro-izquierda y Socialismo

El socialismo comparte con el centro-izquierda los planteos de defensa de los derechos humanos y de la honestidad en el ejercicio de la función pública, pero no desliga estos y otros aspectos del modelo económico hegemónico.

El planteo de la honestidad, particularmente, no parece tener ideología definida. En efecto, los grandes grupos económicos se encargan permanentemente de corromper a los funcionarios de gobierno, sean estos de derecha, de centro, de centro-izquierda o socialdemócratas, de manera que la oposición, sea del signo que sea, siempre levanta la bandera de la honestidad frente al “gobierno corrupto”.

Más allá de este conjunto de coincidencias, las diferencias entre el socialismo y el centro-izquierda son importantes.

El socialismo tiene un compromiso social claro y definido; en primer lugar con los trabajadores, los desocupados y todo el sector oprimido y marginado por el modelo imperante; en segundo lugar, con los pequeños y medianos productores de la ciudad y del campo. El socialismo tiene una concepción clara acerca de la relación entre la distribución del ingreso y la propiedad de los medios de producción y en función de ello:

a)     Le asigna al Estado un papel preponderante en la economía, no ya como productor absoluto, pero sí en áreas estratégicas y como elemento de control, fomento y orientación en áreas importantes de la economía.

b)     El socialismo se propone el desarrollo de la propiedad social, de la propiedad cooperativa y la defensa de la pequeña propiedad urbana y rural.

El socialismo sostiene que ciertas necesidades básicas, particularmente la salud y la educación, deben ser satisfechas en forma igualitaria a todos los ciudadanos del país.

Para el socialismo, el derecho al trabajo constituye un derecho elemental del ser humano.

El socialismo no es “el capitalismo sin sus defectos”, como afirmó irónicamente Federico Engels, sino que se define como una nueva forma de vida, de sociedad y de cultura. La propuesta del socialismo es la de crear una sociedad solidaria, basada en la propiedad colectiva de los medios de producción y el pleno ejercicio de la libertad.

(*) Es miembro de la conducción nacional del Partido Socialista Auténtico.